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¿Cuándo es el momento? Algunas señales para reconocer si es el momento de buscar apoyo psicológico.

I. Cuando el mismo dolor se repite: el conflicto de consultar 

¿Cuántas veces nos ha pasado que el tiempo se nos escapa, que la vida nos pasa por delante y vivimos con los mismos problemas año tras año? A veces podemos sentir que el mismo dolor se repite una y otra vez en muchas esferas de nuestra vida, en las relaciones de pareja, laborales, conyugales y familiares, incluso en nuestra relación con el dinero y  la gestión del tiempo, afectando nuestras emociones diarias. Aunque estos parezcan ejemplos cotidianos, pueden provocar gran sufrimiento cuando nos detenemos a pensar en estos temas.

Muchos amigos, amigas y personas cercanas, preocupadas, pueden cuestionar el hecho que jamás hemos hecho una psicoterapia, o que no consultamos, pero… a pesar de esto, consultar no es opción para nosotros, no nos hace sentido, no podemos o no queremos invertir nuestro dinero en eso, no deseamos abrirnos con una persona que no conocemos o simplemente estamos esperando el momento adecuado para hacerlo. Sin embargo, ese momento no es ahora, así que solamente evades la pregunta o exiges tu legítimo derecho a tomar tus propias decisiones.  

Si esta situación es familiar para ti, entonces te dedico las siguientes líneas, en las que te comento un panorama general sobre la situación actual de salud mental en la población, el sufrimiento, el estrés, el malestar psicológico y la manera en que estos elementos podrían interactuar con nuestro bienestar, trazando una línea entre lo que puede considerarse esperable y aquello que podría requerir de nuestra atención. A través de estas líneas, espero ayudarte a conocer algunos elementos clave, que te permitirán distinguir si necesitas algún tipo de acompañamiento psicológico, y en caso de ser así, puedas decidir el momento adecuado a tus necesidades y criterio.

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II. Salud Mental: La Evidencia de una Crisis Global

A modo general los trastornos de salud mental son alteraciones significativas que involucran ciertas capacidades, tales como: cognitivas, de regulación emocional o conductual, provocando dificultades bastante claras en el funcionamiento cotidiano, en espacios tales como nuestro hogar, escuela, trabajo, relaciones, ocio. 

Un trastorno de salud mental es diferente de un malestar emocional en el sentido de que, este último, puede ser considerado a veces como una experiencia esperable, especialmente durante algunas etapas de la vida o las crisis que llegan sin previo aviso. No obstante, un trastorno de salud mental implica cierto grado de deterioro que sobrepasa dicha sensación de malestar, a veces de manera significativa. En otras palabras, mientras el malestar puede ser una respuesta temporal frente a ciertos eventos estresantes, los trastornos de salud mental suelen persistir e incluso cronificarse, por lo que a menudo requieren un apoyo clínico directo y/o farmacológico dependiendo de cada situación particular. 

En este sentido, las siguientes líneas exhibirán un panorama general que se sitúa en el malestar dentro de un contexto de salud mental, que pese a ser una experiencia displacentera, no logra alterar significativamente el funcionamiento en esferas fundamentales para la vida, en cuyo caso se recomienda el apoyo especializado

Aunque han existido importantes avances en términos de herramientas de monitoreo y estrategias terapéuticas desarrolladas durante las últimas décadas, los trastornos de salud mental han aumentado a un 48,1% entre el año 1990 y 2019 (GBD, 2019; Mental Disorders Collaborators, 2022). Las altas tasas de prevalencia de psicopatología a nivel mundial y la escasez de servicios constituyen una crisis de salud mental, y parte importante de la población en países de ingresos bajos, medios y altos no recibe ningún tipo de intervención que ayude a aliviar sus síntomas (Kazdin 2024).

En un estudio realizado en Chile por la Asociación Chilena de Seguridad y Centro UC, publicado el 31 de enero de 2024, denominado “el termómetro de salud mental Achs-UC”, se evidencia un aumento de los padecimientos psicológicos. Este análisis contó con una muestra aleatoria de 3.000 personas, compuesta por representantes de población urbana adulta, mayores de 18 años, cuyos resultados arrojan que la ansiedad se mantiene como el principal malestar psicológico en el país. Reportando que un cuarto de la población (24,8%) estaría experimentando esta patología, a partir de la cual se detecta la siguiente sintomatología: “tener preocupación excesiva (28,5%), problemas para relajarse (24,3%), sentir nervios, angustia o mucha tensión (23,3%) y ser incapaz de no preocuparse (21,7%)” (ACHS, 2024). 

III. El malestar psicológico como señal de advertencia; el sufrimiento como fenómeno psicofísico; el estrés como respuesta dinámica. ¿Cuál es su vínculo?

Los datos no solo revelan el aumento de psicopatología de salud mental, sino que además permiten reconocer que gran parte de la población atraviesa un estado de malestar psicológico. En sentido estricto, el malestar psicológico se define como una variedad de síntomas y vivencias internas de una persona que tienden a ser preocupantes, confusos o fuera de lo común (APA, 2014, p.826). Se refiere al nivel de disconfort o desasosiego que podemos percibir de forma subjetiva, generalmente como una respuesta frente a diferentes factores estresantes, que podrían alterar el funcionamiento normal. Este puede manifestarse a través de síntomas tales como ansiedad, estados de ánimo depresivos, estrés, insomnio, problemas alimenticios o dolores psicosomáticos, que pueden ser comunes e incluso podrían ser considerados como parte de una respuesta esperable frente a ciertas situaciones difíciles. Sin embargo, la intensidad y duración del malestar psicológico son indicadores que sugieren la necesidad de atención profesional, cuando los síntomas interfieren significativamente con la calidad de vida.

Cuando el malestar psicológico es significativo y permanente, es capaz de provocar una experiencia de sufrimiento profunda que estresa nuestro organismo. Sin embargo, no todo sufrimiento implica malestar psicológico significativo. Algunas investigaciones revelan que el sufrimiento es inherente a las habilidades innatas que poseemos como especie y en gran medida es provocado por nosotros y entre nosotros (Hayes et al., 2014). Según Lecannelier et al. (2021) el sufrimiento es una manera de preservar la continuidad del ser. Por lo tanto, se plantea como un fenómeno inevitable y psicofísico, capaz de activar al organismo y estresarlo.

Del mismo modo, el estrés también puede ser considerado como una reacción esperable, cuyas repercusiones sobre nuestro organismo pueden variar de acuerdo al tipo de estrés que se está experimentando, lo cual determina la respuesta fisiológica y psicológica de un ser humano frente a las amenazas reales o percibidas. Se han identificado tres tipos:

1) Eustrés: es el estrés saludable, que se experimenta al enfrentar un reto cotidiano como podría ser rendir un examen de conducción, momento en el cual se asume un riesgo con posibilidades de obtener recompensas. Este tipo de estrés está determinado por una arquitectura cerebral saludable que permite decidir en base al uso adecuado de funciones cognitivas, capaces de significar una experiencia como fuente de crecimiento y resiliencia, aunque no se obtengan los resultados esperados (McEwen, 2017).

2) Distrés (estrés tolerable): Se refiere a la vivencia de situaciones difíciles de sobrellevar y que pueden causar incomodidad importante, desencadenando incluso cuadros agudos de estrés. Se relaciona con la incapacidad de controlar una situación determinada o influir sobre ella. Generalmente el distrés puede ser afrontado en virtud de un estado de salud mental conservado y recursos de apoyo (red social confiable y efectiva, entre otros). 

3) Estrés crónico: Implica un estado de alerta fisiológica y psicológica sostenida que persiste durante un tiempo prolongado, como resultado de la exposición continua a problemas y amenazas, percibidas como incontrolables y frente a las cuales se poseen recursos insuficientes. Este tipo de estrés aparece a razón de una situación difícil de abordar para alguien cuya arquitectura cerebral y salud mental están comprometidas o se han afectado algunas funciones relevantes como el control de impulsos (McEwen, 2017). 

IV. La Frontera Desadaptativa: Del Estrés a la Patología

De cierto modo, tanto el sufrimiento como el estrés pueden llegar a ser muy relevantes para conservar nuestro bienestar. Esto se debe a que las principales hormonas implicadas en la respuesta al estrés —glucocorticoides y catecolaminas— tienen efectos protectores para nuestra adaptación. Es decir, que contribuyen con el mantenimiento de la homeostasis.

Según Damasio (2018), la homeostasis se entiende como un mecanismo autorregulador que permite al organismo mantener su estabilidad interna mientras se adapta a condiciones externas cambiantes (Billman, 2020) posibilitando que cada una de nuestras células reaccione para restablecer nuestro balance orgánico, toda vez que nos enfrentamos a alguna amenaza. En otras palabras, este proceso dinámico permite mantener nuestro equilibrio interno dentro de un parámetro homeostático, o dicho de otro modo, en un intervalo compatible con la vida. Por tanto, la homeostasis no es un medio para un fin, sino un fin en sí mismo; si pudiéramos definirla en una sola palabra, esta sería supervivencia

La homeostasis es un condición relativamente constante (Cannon, 1963) que promueve un ambiente interior estable a la vez que requiere monitoreo y ajustes continuos para mantener un equilibrio de fuerzas opuestas que posibilitan la vida libre e independiente (Billman, 2020) esto quiere decir que el estrés bajo cierta perspectiva es necesario para mantener nuestro balance orgánico, pero es importante hacer un diferencia: Mientras el eustrés y las respuestas agudas al estrés pueden potenciar nuestra adaptación al medio y permiten mantener dicho balance; el estrés crónico puede implicar un incremento de intensidad y duración de la respuesta desarrollada por los mecanismos hormonales del estrés señalados anteriormente, que al extenderse, suponen un coste que puede acelerar los procesos patológicos, implicando o dañando al organismo en general. (McEwen, 2000). Por lo tanto, el estrés crónico es clínicamente desadaptativo y suele asociarse con el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas (Aboushaar & Serrano, 2024). 

V. No estás sola/solo: Identifica el Malestar y Activa tus Recursos

Considerando todos los aspectos señalados con anterioridad, el notable aumento de psicopatología subraya la importancia de prevenir, de acceder a servicios de salud mental y de educarnos acerca de estos temas a través de medios confiables, debido a que el mantenimiento de sintomatología podría estar afectando esferas importantes de nuestra vida. Dichas instancias pueden ser campañas de prevención y promoción realizadas por centros de salud, consultas con profesionales del área etc. quienes presentan las competencias necesarias para valorar o evaluar caso a caso los síntomas de un trastorno de salud mental y realizar derivaciones en caso de ser necesario.

Además, el sufrimiento puede ser considerado un estado innato y psicofísico, que a menudo implica una experiencia displacentera capaz de desencadenar momentos profundos de tristeza, ira, miedo o frustración, sin embargo, no siempre es sinónimo de un malestar psicológico significativo asociado a la psicopatología, porque el sufrimiento también puede ser un estado ocasional que no trasciende. Por ende, vale la pena diferenciar su dimensión esperable o incluso inevitable dentro de nuestra vida; de aquella faceta que puede ser perjudicial para nuestra salud; lo mismo ocurre con el malestar psicológico, el cual no siempre es significativo, intenso y duradero hasta el punto de deteriorar la calidad de vida,  y/o generar un estado de estrés crónico. 

Ahora que hemos clarificado algunos puntos relevantes, te recomiendo lo siguiente: si sientes que las sensaciones de malestar son significativas y además se prolongan hasta afectar tu funcionamiento en esferas importantes de tu vida, incluso tu autoestima y auto percepción, es recomendable que tengas la oportunidad de atender estas señales para evitar que se conviertan en estados permanentes que podrían deteriorar tu salud mental a mediano y largo plazo. Dicho de otro modo, cuando vivenciamos el sufrimiento de manera transitoria y delimitada, podemos encontrarnos frente a momento de eustrés o incluso ante estrés agudo, cuya resolución es posible en un corto plazo gracias a nuestros recursos personales y sociales; no obstante cuando nos sentimos con herramientas inadecuadas y/o insuficientes para afrontar el estrés, este podría prolongarse, dando lugar a estados cada vez más profundos y sostenidos de malestar que nos confrontan con una sensación de vulnerabilidad, que puede hacernos sentir atrapados en una espiral de intentos de solución que pueden incluso agravar el problema en lugar de solucionarlo, envolviéndonos cada vez más en una trama de dolor y angustia, que a veces no tiene principio ni final.

En este último caso, el sufrimiento sí podría asociarse con estrés crónico y con malestar psicológico significativo, que al no ser atendido ni procesado, puede enquistarse dentro de nuestra vida diaria afectándola de manera progresiva, ahí es cuando nuestro cuerpo podría dar señales, que se manifiestan incluso a nivel físico como muchas de las que ya conocemos, dolores de estómago, musculares, afecciones en la piel, etc. que pueden ser vistas como una petición, un llamado de nuestro propio organismo que necesita de atención.

Para finalizar, si percibes que este no es el momento indicado para dar el paso, porque sientes que puedes afrontar el problema de manera adecuada y suficiente utilizando tus recursos personales y redes de apoyo, probablemente puedas tomar otras medidas adecuadas para cuidar de ti y los tuyos, algunas estrategias que poseen respaldo científico pueden ser: el contacto con la naturaleza; pasatiempos y actividades de ocio; dieta y nutrición; pasar tiempo con otros seres no humanos; atención plena y meditación; contacto social; espiritualidad y religión; y aquellas que tienen efectos prometedores pueden ser la actividad física y el ejercicio; mejorar el sueño y las actividades de voluntariado (Kazdin, 2025). 

Antes de terminar, me gustaría compartir contigo aquello que considero esencial en todo esto: si tienes la sensación de que vives una situación que te provoca malestar y ha permanecido el tiempo suficiente para generar en ti sensaciones de desasosiego o angustia que ya no puedes manejar, es posible que estés necesitando un acompañamiento enfocado directamente hacia el problema que te aqueja. Por otro lado, aunque el malestar psicológico es un fenómeno subjetivo y nos indica que la decisión final es personal, también vale la pena escuchar las palabras respetuosas que puedan ser dichas por nuestros seres queridos, quienes tienen una perspectiva diferente de la nuestra y pueden ver con otros ojos aquello que nosotros no hemos observado hasta el momento.

Lo importante es recordar que no estás sola y solo en esto. Cuenta con mi apoyo para acompañarte en tu proceso, espero que estas líneas puedan ayudarte de algún modo.

Referencias 

Aboushaar, N., & Serrano, N. (2024). The mutually reinforcing dynamics between pain and stress:  mechanisms, impacts and management strategies. Frontiers in Pain Research, 5, Artículo 1445280. https://doi.org/10.3389/fpain.2024.1445280.

Asociación Americana de Psiquiatría, Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5), 5a Ed. Arlington, VA, Asociación Americana de Psiquiatría, 2014. 

ACHS Chile (2023) Uno de cada cuatro chilenos presenta síntomas de ansiedad. Asociación Chilena de Seguridad. Recuperado de https://www.achs.cl/centro-de-noticias/noticia/2024/uno-de-cada-cuatro-chilenos-presenta-sIntomas-de-ansiedad.

Billman GE (2020) Homeostasis: The Underappreciated and Far Too Often Ignored Central Organizing Principle of Physiology. Front. Physiol. 11:200. doi: 10.3389/fphys.2020.00200

Cannon, WB (1963). La sabiduría del cuerpo, edición revisada y ampliada (publicada por primera vez en 1939). Nueva York, NY: WW Norton & Co., Inc.

Damasio, A. (2018). Y el cerebro creó al hombre: ¿Cómo pudo el cerebro generar emociones, sentimientos, ideas y el yo?. España: Ediciones Destino.

GBD 2019 Mental Disorders Collaborators (2022). Global, regional, and national burden of 12 mental disorders in 204 countries and territories, 1990-2019: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2019. The lancet. Psychiatry9(2), 137–150. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(21)00395-3.

Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2014) Terapia de aceptación y compromiso: Proceso y práctica del cambio consciente (mindfulness. Desclée De Brouwer. 

Kazdin A. E. (2024). Interventions in everyday life to improve mental health and reduce symptoms of psychiatric disorders. The American psychologist79(2), 185–209. https://doi.org/10.1037/amp0001158.

Kazdin A. E. (2025). Indirect Interventions: Lifestyle Options to Treat Mental Disorders. Healthcare (Basel, Switzerland)13(5), 505. https://doi.org/10.3390/healthcare13050505

Lecannelier, F., Guajardo, H., Kushner, D., Barrientos, C. y Monje, G. (2021). La complejidad del trauma complejo del desarrollo: Una propuesta del modelo de apego y complejidad (MAC). Revista de Psicoterapia, 32(120), 105-124. https://doi.org/10.33898/rdp.v32i120.463 .

McEwen B. S. (2000). Allostasis and allostatic load: implications for neuropsychopharmacology. Neuropsychopharmacology : official publication of the American College of Neuropsychopharmacology22(2), 108–124. https://doi.org/10.1016/S0893-133X(99)00129-3-McEwen

B. S. (2017). Efectos neurobiológicos y sistémicos del estrés crónico. Estrés crónico (Thousand Oaks, California), 1, 2470547017692328. https://doi.org/10.1177/2470547017692328