¿Qué apoyo necesito hoy? La flexibilidad de la intervención psicológica: una aliada no tan conocida.
En la columna anterior mencionamos algunas señales para reconocer si es necesario o no buscar acompañamiento psicológico, sin perder de vista que la existencia de un trastorno altera significativamente áreas importantes de nuestra vida y por tanto, exige ser intervenido de forma directa, lo que incluye apoyo psicoterapéutico y/o farmacológico, los cuales funcionan como una combinación que optimiza el tratamiento.
Sin embargo, el texto anterior se centró enquienes no saben si necesitan un tratamiento, es decir, aquellos que pueden sentir malestar, pero este no es necesariamente significativo, ni se mantiene por un largo tiempo; o incluso a quienes experimentan cierto grado de sufrimiento como vivencia psicofísica y displacentera, la que a menudo desencadena una experiencia estresante para nuestro organismo. Por último, el texto anterior se dirigió a quienes padecen de estrés, el cual no siempre es dañino para nuestro cuerpo, existen tres tipos diferentes: el eustrés, el distrés y el estrés crónico. Para atravesar cualquiera de estos tipos es necesario contar con recursos personales, socioculturales e incluso económicos, es decir que podríamos considerar pedir ayuda en cualquiera de estas tres situaciones. No obstante, cuando el estrés se mantiene sin ceder y sentimos la sensación de que no podemos volver a relajarnos, podríamos considerar esto como una señal de estrés prolongado que necesita ser afrontado de manera contundente, porque puede traer consecuencias a nivel de salud mental y física.
I. No sé si pedir ayuda ¿vale la pena? ¿Existen opciones?
Hablemos un poco respecto a ciertas dudas que podrían aparecer antes de buscar ayuda. Es esperable –y sobre todo válido– preguntarse si realmente necesitamos tratamiento psicológico; o si vale la pena abrir una historia íntima, cuando nuestro problema podría ser algo que consideramos puntual. Aunque esta columna no busca dar razones que expliquen la necesidad de tratar ciertos temas privados en consulta, tampoco podemos pasar por alto que hacerlo requiere de varias condiciones entre las cuales, una de las más importantes, es la disposición que el consultante tenga para abordar ciertos temas, que hagan algún sentido en el contexto de su situación actual.
Lo anterior se ha relacionado con la estigmatización de la consulta psicológica como, la acción única de escarbar en nuestra infancia y hablar siempre lo mismo o “meter el dedo en la herida”, incluso hay quienes podrían afirmar que en psicología se inventan problemas donde no los hay. Ahora bien, este relato estigmatizador que se repite en redes sociales y conversaciones con amigos, podría generar un rechazo hacia este tipo de acompañamiento profesional, abriendo paso hacia la búsqueda de opciones alternativas, que en ciertos casos sí podrían ayudar, pero en otros pueden significar un riesgo mayor, dependiendo de la vulnerabilidad de la situación particular, entre otros factores.
Frecuentemente, las cosas vienen llenas de matices y la psicología no es una excepción, por ende no es suficiente preguntarnos si este problema necesita de tratamiento psicológico o no, sino que es importante ver el problema como algo que sí existe que puede dolernos, pesarnos, angustiarnos y aunque por ahora seamos capaces de tolerarlo y gestionarlo gracias a nuestros recursos personales, es importante no dejar que el problema persista hasta el agotamiento.
En este sentido, la invitación es a que veamos más allá de la pregunta ¿Necesito apoyo psicológico o no? hacia ¿Qué tipo de tratamiento psicológico podría ser el adecuado para este problema o situación particular? Este cambio no solo abre un espacio de reflexión personal, y podría prevenir que la situación actual se transforme en un problema de salud mental más complejo, sino que además puede ayudar a comprender que las intervenciones psicológicas son más flexibles de lo que a menudo podemos escuchar.
II. ¿Qué realiza el psicólogo? ¿Cómo puedo distinguir quién me podría acompañar en mi situación?
A menudo pensamos que ir al psicólogo significa solamente abrir heridas del pasado. Sin embargo, la psicología ofrece un abanico de intervenciones —desde la consejería hasta la intervención en crisis— que se adaptan a lo que tú necesitas hoy, sin imponer procesos que no deseas iniciar.
Como ya sabemos, no todos quieren atravesar un proceso complejo de exploración profunda y estructural, como puede ser una psicoterapia, también hay quienes no sienten la necesidad de hacerlo por lo tanto no están dispuestos a llevarlo a cabo, y la voluntad es fundamental en estos términos. Para ellos, existen otras alternativas que sí son desarrolladas en compañía de un profesional de la psicología, que ha realizado una formación en procesos de salud mental, y por tanto puede valorar los factores de riesgo a tu alrededor, evaluar tu situación cuidadosamente, además de derivar cuando y a quien corresponda. Para esto necesitamos conocer de manera muy breve cómo se puede ejercer la psicología.
En Chile se distingue entre la autorización legal para ejercer y la acreditación de especialidad. La autorización legal es obligatoria y se encuentra en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud. Mientras la Acreditación de especialidad no es obligatoria por ley para trabajar de forma independiente, pero es reconocido como un estándar de calidad. Lo entrega la Comisión Nacional de Acreditación de Psicólogos Clínicos (CONAPC) compuesta por representantes del Colegio de Psicólogos de Chile y de la Sociedad Chilena de Psicología Clínica, quienes otorgan el certificado de Psicólogo Clínico Especialista en Psicoterapia.
El psicólogo es un profesional que ha completado una formación académica superior, cuenta con la licenciatura o grado en psicología, involucrando variados aprendizajes a nivel general, entre los cuales existen conocimientos sobre las diversas áreas de la psicología, en virtud de las cuales, dicho profesional puede intervenir, diagnosticar, evaluar, psicoeducar, promover y prevenir. Aunque en Chile, el psicólogo puede ejercer legalmente la psicoterapia, no es su principal función.
En el año 2007, de acuerdo a la Ley 20.129 el Comité Técnico de la Comisión Nacional de Acreditación (CNAP) definió criterios y estándares de evaluación en la formación de psicólogos y psicólogas de pregrado. En el estándar de perfil profesional y estructura curricular, se indica que el psicólogo es formado en diagnosticar, planificar, desarrollar y evaluar procesos y programas en las diferentes áreas de la psicología; definir, aplicar y evaluar estrategias de intervención para atender necesidades preventivas, terapéuticas y de desarrollo de la conducta en individuos, grupos y organizaciones; además de diseñar y realizar actividades de investigación científica en la disciplina. A partir de entonces, la formación de pregrado se ha guiado por estas orientaciones (Colegio de Psicólogos de Chile, 2019).
Por otro lado, un psicoterapeuta que desempeñe su trabajo de forma rigurosa y responsable, requiere una formación académica en psicología (o psiquiatría); junto con un proceso de formación en psicoterapia que incluye la realización de postítulos o magíster en programas de formación clínica que deben incluir teoría y práctica; además es fundamental que realice horas de supervisión clínica, por parte de terapeutas con mayor experiencia; incluso algunas escuelas de psicoterapia exigen un proceso terapéutico personal al psicoterapeuta en formación. Un psicoterapeuta utiliza distintas herramientas asociadas a las diferentes corrientes, cognitivo-conductual; psicoanálisis; terapia humanista; sistémica; entre otras, para tratar trastornos de salud mental, promoviendo el cambio y desarrollo personal.
III. La psicología clínica, una aproximación necesaria
De acuerdo con el Colegio de Psicólogos de Chile A.G. (2019) existen formalmente nueve especialidades en Psicología con programas de formación y campos laborales delimitados, estas son: área clínica y psicoterapia; área laboral; área educacional; área comunitaria; deporte; área de la salud; área de emergencias y desastres; área jurídica/forense; y neuropsicología.
La psicología clínica se define como una rama de la psicología aplicada y científica que se dedica al estudio, comprensión, prevención, diagnóstico y tratamiento del malestar psicológico, los trastornos de salud mental y los distintos funcionamientos a nivel conductual o emocional. El trabajo se concentra en acompañar al consultante para que afronte sus dificultades a niveles inter e intrapersonal, desarrollando sus capacidades y recursos, e intensificando sus habilidades. De este modo, se podría favorecer la autonomía y bienestar (Eepsicología, 2022). Esta área de la psicología se ha consolidado con el transcurrir de las décadas en la sociedad Chilena y cuenta con varios procedimientos para dar respuesta a la prevalencia y aumento de dificultades a nivel de salud mental.
Una de las maneras que existen para clasificar las intervenciones en psicología clínica son según su alcance; su duración; según la cantidad de personas involucradas; según el contexto donde se sitúa la intervención; y según su modalidad que puede ser presencial u online.
Si bien cada clasificación es relevante y toda intervención busca facilitar herramientas para aliviar el malestar, potenciar los recursos individuales, entre otras. En esta ocasión vamos a ahondar en las intervenciones según su alcance. Estas intervenciones están determinadas según sus objetivos y la profundidad del proceso, permitiéndonos distinguir entre una orientación básica y una psicoterapia avanzada.
IV. La intervención psicológica. Mucho más que un solo tipo de tratamiento
Un tratamiento psicológico es una intervención que se focaliza en el área clínica. En general abarca una amplia cantidad de procesos, por tanto se refiere al plan global y el conjunto de servicios ofrecidos al consultante para abordar algún problema de salud mental. Se focaliza principalmente en la gestión general del caso.
Un tipo de intervención a nivel general es la prevención primaria cuyo foco se encuentra en la anticipación de eventos y se basa en estrategias dirigidas a gran parte de la población o grupos de riesgo, para evitar la aparición de trastornos de salud mental. Además, en esta línea general se encuentran las actividades de promoción de la salud mental, centradas en el fortalecimiento de la salud mental y en el desarrollo de recursos y habilidades para mejorar el bienestar de la ciudadanía. Esta línea de intervención puede abordar temas como resiliencia, manejo del estrés, regulación de emociones. En Chile, los servicios de prevención primaria y promoción de la salud mental pueden ser encontrados en el Sistema Público de Salud (APS); Programas específicos enfocados en diferentes necesidades de la población como los de apoyo a la Infancia y a la Mujer; Programas y Plataformas digitales a nivel nacional como pueden ser aquellos impulsados por MINSAL o Instituciones asociadas; Instituciones de educación superior y ONGs.
Otro tipo de intervención es el coaching entendido como un proceso de acompañamiento que puede ser impartido por un profesional de la psicología u otro, cuyo objetivo principal es ayudar a otra persona (coachee) a lograr metas específicas, desarrollar habilidades y maximizar su potencial personal o profesional, está orientado a la acción y al logro de resultados a través del autodescubrimiento y responsabilización del cliente; por ende se centra en el presente y/o en alcanzar un estado futuro deseado.
Intervención en crisis y primeros auxilios psicológicos constituye un procedimiento de apoyo inmediato y breve, que busca entregar ayuda a quienes han experimentado algún evento crítico, traumático, repentino, imponderable, o se encuentran atravesando un momento de crisis aguda, sus objetivos son principalmente la estabilización del individuo y la conexión con redes de apoyo y recursos, para prevenir la aparición de psicopatología. Presenta principios que ponen el foco en el contacto no invasivo con el otro, un ambiente de seguridad emocional y contención, que busca dar tranquilidad y alivio.
Otro tipo de intervención es la evaluación y diagnóstico, entendida como un proceso inicial del acompañamiento psicológico que sirve para medir, identificar y formular hipótesis respecto a la naturaleza, gravedad y posibles factores involucrados en el problema.
Así mismo, un acompañamiento psicológico consiste en intervenciones destinadas a fortalecer el bienestar y la adaptación. En un nivel elemental se encuentra la orientación psicológica, la cual se enfoca en favorecer el entendimiento respecto a las diferentes posibilidades que giran en torno a una decisión, brindando apoyo y herramientas necesarias para dicho objetivo, por ejemplo si te sientes desorientado acerca de tu futuro académico, la orientación podría ser un buen recurso, te puede brindar una mirada externa, y al mismo tiempo entregar un soporte emocional y reflexivo para decidir la opción más adecuada para ti.
En un nivel intermedio, la consejería psicológica o counseling es un enfoque terapéutico focalizado en proporcionar apoyo emocional y acompañamiento, en el contexto de una situación presente, que puede afectar a nivel emocional, relacional, interpersonal, de funcionamiento y adaptación, promoviendo el bienestar general y favoreciendo la reflexión frente a las diferentes alternativas de solución con las cuales podrías contar. Por ende, esta modalidad no tiene la necesidad de explorar en otras variables que no están relacionadas a la situación particular. En este sentido, el consultante sí necesita apoyo, sí está experimentando un problema real que impacta en su calidad de vida, pero no necesariamente atraviesa algún trastorno de salud mental o psicopatología
A menudo los consejeros se especializan en un área determinada, como las adicciones, el duelo, el abuso, estrés postraumático, ansiedad y ataques de pánico; miedos, fobias; aislamiento social; estados de ánimo depresivos y de tristeza persistente; problemas de rendimiento académico o laboral.
La consejería puede ser parte del tratamiento psicológico pero no busca un cambio estructural ni necesita explorar en profundidad múltiples variables. Por lo tanto, si buscas ayuda a través de sesiones confidenciales y personalizadas, dirigidas hacia un tema concreto, esta puede ser tu opción. Sobre todo porque la psicoterapia y la consultoría presentan aspectos en común, como por ejemplo, ambas se basan en relaciones profesionales con el objetivo de favorecer la salud mental y bienestar en un espacio de respeto y confianza, por otro lado, tanto la psicoterapia como la consultoría son espacios de conversación donde se pueden abordar problemas personales, explorar pensamientos, emociones y comportamientos, identificar posibles causas y algunas estrategias de resolución y crecimiento personal.
Dentro de los beneficios que podría tener la consejería, se consideran: mayor conocimiento y autoconciencia, mejora de la gestión y regulación emocional, desarrollo de habilidades de afrontamiento efectivas, fortalecimiento de la resiliencia y capacidad de adaptación, toma de decisiones informadas y alineadas con valores personales, desarrollo de relaciones interpersonales saludables, mayor sentido de propósito y significado de la vida.
Como fue señalado anteriormente, la psicoeducación es una aproximación terapéutica que busca orientar al consultante acerca de su diagnóstico o problemática. Esta técnica proporciona información sustentada en evidencia científica, actualizada y relevante para abordar condiciones de salud mental, tratamientos y pronósticos (Godoy et al., 2020).
En innumerables ocasiones, disponer de la información necesaria, entregada de manera razonable y respetuosa, puede ser suficiente para modificar nuestra situación. Este componente educativo es muy importante a nivel de intervención y suele llevarse a cabo en diversas disciplinas que trabajan a favor del bienestar y salud del individuo, como por ejemplo la medicina, la psicología, trabajo social, etc.
La psicoeducación no solo se refiere a la definición de un diagnóstico, sino que además busca abordar situaciones cotidianas que afectan la vida de los consultantes, quienes muchas veces pueden ser capaces de afrontar diferentes dificultades gracias al conocimiento que adquieren de su propia situación, por ende la psicoeducación es considerada una herramienta de cambio que involucra procesos cognitivos, sociales, y psicológicos, para fortalecer la autonomía y mejorar la calidad de vida de los consultantes (Godoy et al., 2020).
V. ¿Qué es psicoterapia?
Dentro de los procedimientos liderados por la psicología clínica, la psicoterapia es uno de los más reconocidos y estudiados, tiene el potencial de ayudar a personas que experimentan una amplia gama de afecciones de salud mental, así como también desafíos emocionales y funcionales. La psicoterapia puede ayudar a aliviar síntomas, e incluso en algunos casos particulares puede ayudar a identificar posibles causas psicológicas implicadas en ciertas afecciones (Acevedo & Bhatia, 2025). Es un procedimiento complejo y muy difícil de definir, por lo que han existido múltiples desacuerdos, que sostienen puntos de vista diferentes.
Por un lado, la psicoterapia puede ser definida como una práctica curativa socialmente construida y mediada, interpersonal y caracterizada por ciertos elementos necesarios y suficientes para el cambio, estos elementos fueron identificados hace décadas por Frank (1961, P.2). Con el paso del tiempo estos factores necesarios han sido discutidos y desarrollados por otros autores que han aportado nuevas perspectivas que pueden ser sintetizadas brevemente a través de cinco puntos citados a continuación:
a) un vínculo cargado de emociones entre terapeuta y paciente; b) un entorno institucionalmente legitimado de curación y confianza en que se desarrolla la terapia y que en sí mismo aumenta las expectativas de sanación; c) un terapeuta que proporciona una explicación derivada de la psicología y culturalmente arraigada, para la angustia emocional; d) está adaptado o individualizado a cada paciente en particular y a su trastorno, problema o motivo de demanda, proporciona opciones viables y creíbles para superar dificultades específicas que son aceptadas por el consultante; e) conjunto de procedimientos o rituales utilizados por el terapeuta y paciente, que lleve a este último a poner en práctica algo útil o adaptativo generando el cambio. (Frank y Frank, 1993; Laska, et al,. 2014; Lambert y Ogles, 2014; Wampold & Imel, 2015; González-Blanch y Carral-Fernández, 2017),
Por otro lado, el año 2012 la American Psychological Association define la psicoterapia como aplicación informada e intencional de métodos clínicos y posturas interpersonales derivadas de principios psicológicos establecidos con el propósito de ayudar a las personas en la modificación de sus conductas, cogniciones, emociones y/u otras características personales en dirección que los participantes consideren deseables.
Dentro del plan de tratamiento psicológico, la psicoterapia representa el proceso de cambio más profundo y significativo. Se define como una intervención especializada y estructurada que aborda diferente tipo de situaciones incluyendo trastornos de salud mental o sufrimiento psicológico profundo, utilizando modelos teóricos específicos. Como procedimiento, se basa en diversas corrientes psicoterapéuticas que cuentan con décadas de investigación y aplicación validada en el campo de la psicología clínica, lo que exige una formación y especialización rigurosa para ejercerla bajo estrictos estándares éticos.
Este tipo de intervención se sustenta en el diálogo y la colaboración, proporcionando un ambiente de apoyo que permite al consultante hablar abiertamente en un espacio diseñado para acompañar y sostener. El foco central es provocar cambios a nivel pensamiento, emociones y conductas que resultan problemáticos, logrando, en muchos casos, una reestructuración profunda o la resolución de la psicopatología que dio origen a la consulta.
Tras finalizar el proceso, el objetivo no es solo modificar la dificultad que motivó la consulta, sino que además busca que el consultante integre destrezas y recursos útiles para enfrentar desafíos futuros con mayor resiliencia. Por ello, la psicoterapia no es solo una técnica de resolución de problemas, sino una alternativa relacional y colaborativa profunda que fortalece la capacidad de la persona para transitar su existencia con mayor bienestar.
VI. Más que un diagnóstico: El valor de una intervención pertinente y flexible
En este punto hemos identificado diversas intervenciones psicológicas según su alcance, que se ajustan a las diferentes situaciones y necesidades. Esto es importante en primer lugar, porque al reconocer diversas formas de tratamiento, existe mayor probabilidad de tomar decisiones pertinentes a nuestra situación particular, siendo acompañados por un profesional que se ha formado en el cuidado de la salud mental, del cual se espera que sea capaz de valorar los factores de riesgo, intervenir adecuadamente y/o derivar cuando la situación lo amerite.
En segundo lugar, obtener el tratamiento adecuado es un paso importante para gestionar el problema, de lo contrario, una intervención inadecuada podría incluso explicar el abandono temprano de la misma (Vera García et al., 2018) provocando que la búsqueda de ayuda se vuelva tediosa y provoque agotamiento. Con esto no pretendo asegurar que el tratamiento –aunque sea el correcto– logrará la remisión completa del problema en una única oportunidad; de hecho la evidencia sugiere que algunas personas necesitan más de un tratamiento para mejorar su situación (Stasenko, 2025).
En tercer lugar y como fue señalado en la anterior columna, el aumento de trastornos de salud mental y sintomatología asociada a problemas que afectan la calidad de vida, ha explotado hasta ser clasificado como una crisis global. En relación a este problema existen factores que pueden obstaculizar la búsqueda de ayuda, los cuales se conocen como barreras para el tratamiento. Dentro de estas, se han identificado determinantes estructurales que obstaculizan la búsqueda de ayuda, los cuales incluyen los costos financieros asociados a la consulta, disponibilidad y asuntos políticos. Por otro lado están los componentes actitudinales, como la estigmatización asociada a la terapia, la alfabetización en salud mental, y consideraciones sobre la escasa ayuda que podría brindar un tratamiento (Kazdin, 2025) dichas barreras juegan un rol importante a la hora de tomar la decisión de buscar ayuda y a veces coexisten impidiendo aún más el acceso al tratamiento directo, farmacológico y/o psicológico.
Si bien es cierto, el hecho de tomar conocimiento sobre los tipos de tratamientos no derribará todas las barreras, sí podría ser de ayuda para los factores actitudinales, porque por un lado aumenta la alfabetización, permitiendo acceder a información acerca de los tipos de acompañamiento disponibles en psicología clínica, con un alcance diferente según cada caso, para prevenir que un problema específico crezca exponencialmente y se cronifique. Por otro lado, el hecho de saber que no es necesario y mucho menos un requisito padecer de un trastorno de salud mental para ir a consulta y que muchas veces este acto de prevención puede ser una manera de evitar que la situación afecte cada vez más nuestra calidad de vida podría contribuir a quienes no quieren buscar un tratamiento por temor a ser estigmatizados.
VII. Finalmente: el valor de elegir informados
Conocer la amplitud y flexibilidad que tiene la psicología clínica para responder a las diversas necesidades, puede ser el primer paso para cuidar de nosotros. Creo que para gestionar nuestro propio bienestar en medio de una situación problemática, no es suficiente con preguntarnos “si necesitamos ayuda o no la necesitamos”, sino que además es importante cuestionarnos “qué tipo de ayuda es necesaria y pertinente en este momento” para que tengas claridad al momento de elegir un acompañamiento que respete tu ritmo, tu disposición y situación actual.
Ya sea que busques una orientación puntual, un proceso de consejería para un desafío específico o una psicoterapia profunda, lo más importante es que la decisión sea informada y acompañada por un profesional con capacidad y formación para evaluar tu situación respetando tus particularidades, desarrollando procedimientos técnicos con propósito, ejerciendo bajo un marco ético, y en cumplimiento de la normativa legal vigente, lo que garantiza una atención segura, rigurosa y responsable.
Si hoy sientes que tus recursos personales se están agotando o simplemente necesitas una mirada profesional para acompañar tu camino, te invito a explorar juntos que podría ajustarse mejor a lo que necesitas hoy.
Referencias
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